Resultó
ser una de las experiencias más gratificantes
por el reconocimiento tan unánime que recibí.
No obstante, significó mi primer gran desengaño
dentro del mundo de la música. Conocí
gente dañina y falsa en la que había depositado
toda mi confianza. Reemprendí mi camino de nuevo
sola.
Durante todos estos años que llevo viviendo en
Madrid, he tenido la fortuna de poder vivir únicamente
de la música. O mejor, con la música,
acompañada de ella. Y es un orgullo para mí
cada trabajo en el que he cantado, porque siempre lo
hago como si fuera algo mío. Me habéis
debido escuchar en muchas ocasiones sin saberlo: anuncios
publicitarios, coros en discos de otros artistas, cantando
en directo en la gira de muchos cantantes famosos, solista
en la orquesta de algún programa televisivo,
etc...
Finalmente, y después de miles de conciertos
en cualquier tipo de sala que se terciara, llegó
la compañía discográfica ideal
para una artista tan inusual como yo. (Inusual por complicada,
por diversa). Las mismas cosas por las que gente como
vosotros me escucha y se siente identificado con alguno
de mis temas, son las que asustan a la mayoría
de productores de este país. No es fácil,
según ellos, manejar a una chica independiente
que compone sus propios temas, los canta, sabe el sonido
que quiere, y que no necesita más que una guitarra
para poder comunicar con el público. Demasiado
complicado y difícil de controlar.
Pero grabaron mis canciones, buscaron un productor,
un estudio, arreglistas, músicos... Todos estupendos,
de verdad. A todos les debo el primer disco de mi carrera
en solitario. Y les estoy muy agradecida por ello. Cuando
me fui de la compañía independiente me
quedé de nuevo sola, que no desamparada. Seguía
contando y cuento con mi segundo regalo vital, mis amigos.
Gracias a todos por vuestro amor, a los que alguna vez
habéis asistido a algún concierto Y a
mi padre, Juan, lo llevo siempre conmigo. A mi madre,
Lola, mi guía, mi referencia, mi modelo a seguir
y a la que adoro.
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